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¿Qué implicaciones tiene el Impuesto sobre Actividades Económicas para emprendedores y autónomos?

Más allá de otros tributos que suelen tener una mayor presencia en la mente de emprendedores y autónomos durante el ejercicio habitual de su actividad en términos de facturación, como son el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) o el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), cabe destacar la importancia del Impuesto sobre Actividades Económicas o IAE desde el mismo momento en que nos planteamos llevar a cabo nuestro registro como trabajador por cuenta propia o empresa en las oficinas de la Agencia Tributaria.

El Impuesto sobre Actividades Económicas es un tributo de carácter directo dirigido a gravar, como su propio nombre indica, la mera intención voluntaria de realizar una actividad empresarial, profesional o artística en el conjunto de la geografía nacional, a pesar de que su gestión esté transferida de forma íntegra a las corporaciones municipales o ayuntamientos.

Así, tal y como se refleja en el Texto Refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales (Real Decreto Legislativo 2/2004, de 5 de marzo), se considera que una actividad se ejerce con carácter empresarial, profesional o artístico, cuando suponga la ordenación por cuenta propia de medios de producción y de recursos humanos o de uno de ambos, con la finalidad de intervenir en la producción o distribución de bienes o servicios.

En este sentido, desde que decidimos materializar nuestra idea emprendedora y constituirnos como trabajadores autónomos, mediante la solicitud de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, o adquirir personalidad jurídica mediante la creación de una empresa, el registro previo en el censo del Impuesto sobre Actividades Económicas supone uno de los primeros pasos a realizar, ya que será dónde clasifiquemos con una mayor detalle y concreción la actividad empresarial, profesional o artística a la que nos pretendemos dedicar prioritariamente, a través del epígrafe correspondiente a la misma, que se contemplará en la correspondiente alta como trabajador autónomo o persona jurídica mediante la presentación de los modelos 036 y 037, según corresponda.

De hecho, la inclusión en uno u otro epígrafe tendrá repercusiones en el futuro sobre la sujeción directa o exención respecto a otros impuestos como el IVA, ya que atendiendo a la actividad que realicemos y, en consecuencia, al epígrafe seleccionado, estaremos obligados a repercutir IVA en nuestras facturas o no.

No obstante, a pesar de esta obligatoriedad de registro en el censo del IAE, la mayor parte de trabajadores autónomos y nuevos emprendedores no están sujetos a la tributación de este impuesto, ya que únicamente será preciso presentar la declaración del Impuesto sobre Actividades Económicas a partir del tercer año de actividad y siempre que nuestro volumen de facturación anual supere el millón de euros.

En definitiva, si bien el Impuesto sobre Actividades Económicas forma parte de los tributos inherentes al ejercicio de una actividad empresarial, profesional o artística por cuenta propia, ya sea como trabajador autónomo o mediante la formalización de una entidad con personalidad jurídica, sus propias características hacen que no estemos sujetos a su liquidación hasta que no haya transcurrido un periodo de tiempo de dos años de actividad y, de igual forma, hasta que no se alcanza un volumen de facturación anual ciertamente considerable, con objeto de facilitar el desarrollo y consolidación empresarial de nuestro nuevo negocio en su mercado de actuación.

 

Vía Blog Axa

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